Una visión cosmogónica para la acuicultura


Resulta fascinante la necesidad que sentimos por las narrativas, especialmente aquellas que nos proporcionan explicaciones que nos ayudan a sentirnos cómodos. Sin embargo, vamos hacia un “nuevo mundo” lleno de complejidad, tal vez mucho más complejo que en cualquier otra época, no lo puedo saber, aunque lo presiento, y no nos queda más remedio que aprender a manejar esta complejidad.

Nos estamos acostumbrando al relato del cambio constante. Un relato, para mí, lleno de diversión, aunque imagino que para el sector acuícola genera reacciones diversas, algunas indeseables. Este cambio es tan vertiginoso que cuando ya lo has entendido, sin saber cómo, ya estás haciendo otra cosa.

Dedicamos tanto esfuerzo a entender el cambio que no somos conscientes de las nuevas emergencias que provocan este continuo y constante cambio. Me fascina cómo se gestionan estas nuevas relaciones, cómo las nuevas organizaciones establecen modelos de vinculación diferentes, en los servicios, en la personalización, en la gestión de red, en cómo nos relacionamos con los clientes y proveedores. La acuicultura mediterránea, por la proximidad, aunque también el resto, no es ajena a estos nuevos modelos.

El objetivo principal al que nos enfrentamos es el intento de entender un mundo cada vez más complejo. El reto fundamental es el de contribuir a su mejora y reducir el impacto medioambiental global. Hoy ya no es posible obviar que hay una interrelación global y no nos podemos permitir una actitud pasiva frente a lo que está por venir.

Por fortuna, sí creo que somos afortunados, tenemos una emergencia creativa espectacular, como nunca, y una revisión de lo que se entiende como eficiencia económica asociada a los procesos productivos.

Dicen los expertos que el cambio principal viene de un nuevo modelo de sistemas distribuidos huyendo de la globalización centralizada. La acuicultura debe posicionarse como alumno aventajado y aprender a usar estos modelos ya que seguramente será una de las formas más eficientes para gestionar sosteniblemente esta industria.

La tecnología está permitiendo que la producción sea más eficiente. Ahora no nos fijamos tanto en qué es lo que conseguimos puntualmente, como en saber por qué y buscar la eficiencia y la competitividad desde el análisis de la complejidad. Compartir conomimiento para integrar datos y obtener, mediante la hibridación, nuevas formas de relación.

Resulta evidente que vamos hacia modelos sociales completamente diferentes. No sé qué va a pasar, pero veo ciudades estado cada vez más masivas que casi se autogobiernan. Los modelos relacionales que emerjan serán diferentes y observo como se tiende hacia la autogestión de la producción asociada o vinculada con estos nuevos núcleos esenciales.

Una nueva gobernanza basada en la ética como elemento esencial para ayudarnos a saber y aprender a aceptar lo que ya es inaceptable. Los modelos productivos serán retados y el consumidor mandará, porque le interesará lo que ocurre a su alrededor, porque quiere entenderlo y colaborar y porque exige aportar soluciones originales, huyendo de lo que tanto daño nos ha hecho.

Para aprender del pasado, que al pensar sólo en el futuro casi hemos olvidado, recurriremos de nuevo a él, pero para rescatar la información y preguntarnos qué podemos aprender. Este concepto no es nuevo, pero sí que lo son las capacidades para abordar los retos, preguntándonos recurrentemente qué hemos de hacer de forma diferente.

El resultado será el que sea, pero no por eso dejará de serlo. Mejor intervenir que esperar a que la mejora se produzca sola. Hemos visto que cuando dejas que así sea el resultado no es el que nos hubiera gustado.

La emergencia de los modelos de responsabilidad corporativa y social, sin estar reñidas con los modos de negocio que permiten ganar dinero, se está haciendo un hueco en el corazón de la misión de las empresas acuícolas.

Podemos decir que están naciendo las empresas acuícolas con alma.


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