Acuicultura limitada ¿Falta de inversión o de previsión?

La semana pasada se podía leer en el portal Mispeces.com la siguiente entrada “La falta de inversión en las empresas acuícolas representará una barrera en el medio plazo”.


Aunque no estoy del todo en desacuerdo con su sentencia final en la que viene a decir que sin innovación y reducción de costes no hay posibilidad de mejora y que esta mejora es condición inherente a la inversión, es evidente que esta es una frase perversa, casi como se aceptase el fatal destino de la acuicultura, en este caso europea.

Ciertamente la inversión es un condicionante esencial y hasta cierto punto limitante, pero creo que es también responsable preguntarse cuánta falta de potencial inversión (como consecuencia de la no obtención de beneficios) es consecuencia directa de una pésima previsión, especialmente en cuanto a la gestión del mercado que una industria como esta tiene.

Veamos un poco de historia, local cierto, pero creo que interesante. Entre 1980 y tal vez principio del 2000, se produjo la primera etapa del gran crecimiento productivo de la acuicultura marina (lamentablemente no tengo suficiente información para integrarla con la continental, pero bienvenidos los datos), pasándose de una producción inexistente hasta las 120K Tm Los beneficios recogidos en este periodo pueden considerase como gloriosos. La acuicultura tiraba y las inversiones fueron importantes. Hubo sustos, claro, véase el rodaballo, pero se recondujeron con cierto éxito. No estoy seguro si la innovación y la reducción de costes era algo que en ese momento importase demasiado.

Con el inicio del 2001 se inaugura una segunda etapa que está determinada por la primera mini-crisis de los precios de venta, pasando de los 5,5 €/kg a los 3,5€/kg. Mas o menos existe cierta resilencia de la mayoría de las empresas, pero en el 2003 el “crash” es tremendo y los precios caen a 2.5€/kg.

Los cimientos de la industria temblaron, cayeron empresas y se produjeron las primeras fusiones, se reorganizó un poco el sector y tras dos años “duros” empieza a notarse una recuperación que hace que a finales del 2014 los precios de primera venta vuelvan a situarse en torno a los 4,5-5,0 €/kg.
Tal vez se diesen los mejores años de la acuicultura española. Es la tercera etapa (“la época dorada”) de manera que en apenas cuatro años se dobla la producción, superando las 250K Tm y llegando a tener una estructura industrial que era capaz de producir más de 1.000 millones de alevines (dorada, lubina, rodaballo, lenguado, la corvina asoma...). Ni que decir tiene que es evidente que hubo beneficios, tal vez en esos momentos la innovación empieza a surgir como un elemento diferenciador, tal vez no se hablaba tanto de reducir como de controlar los costes.

Resulta evidente que el “Gran Crash” del 2008 inauguró la cuarta etapa y que con ciertos “sube y baja” sigue persistente hoy en día como elemento indiferenciable de la crisis sistémica que nos toca vivir y que ha hecho que los paradigmas cambien. Los precios obtenidos entran en una espiral que hace que el mercado pague de 1,5 a 2,0 €/kg por debajo del coste de producción, casi con independencia de este (factores de países terceros tienen mucho que ver). Resulta descorazonador e imprevisible y las empresas productoras se lanzan a liquidar estoc para hacer caja. Los que consiguen aguantar ven a finales del 2009, principios del 2010 una ligera recuperación que les da algo de aliento. Pero que en absoluto soluciona lo acumulado en pérdidas.

Ahora estoy perdido, no sé si esta cuarta etapa persiste o si se han producido subdivisiones en los últimos 4 años. Por los precios que observo en los mercados, diría que la onda causa un impacto menor pero aparece con la misma frecuencia. Lo que es cierto es que muy pocos disponen de un dique de contención que aguante ¿o tal vez sí? Lo desconozco. Sin embargo releyendo el Informe de “La Acuicultura en España 2014” (Apromar, Esacua, OPP, Foesa) parece indicar que continuamos dentro de lo que es un ciclo largo y complicado. Aparentemente con difícil solución.

Independientemente de que sea cierto que la falta de inversión frena el crecimiento a medio plazo, creo que sobre todo lo frena la imposibilidad de hacer previsible el mercado, no porque esto no sea factible, sino porque no se hace. Cada crisis, más o menos, de forma recurrente se produce con un intervalo de 24 a 36 meses. Este es el tiempo completo de un ciclo productivo. Los primeros alevines que se empiezan a producir a principios del año 1, serán los que estarán disponibles a principios del año 2, dependiendo de la zona y el sistema de producción, pero la mayor parte estarán disponibles a finales del año 2 y 3.

La verdad es que recogeremos el beneficio “potencial” tres años después de haber realizado la proyección y nuestra previsión de plan de negocio. Los expertos dirán que esto es así y así es como se juega. Yo veo un efecto de la ley de la oferta y la demanda. Pero no veo capacidad de prever. No veo previsión.

Si la inversión se realizase en generar modelos predictivos potentes y eficaces para controlar la evolución de las producciones, que tal vez se haga pero no lo parece, es posible que los costes se controlasen mejor, es posible que se pudiera innovar continuadamente, es posible que la inversión no fuese el freno para el crecimiento, porque todo el mundo querría invertir en un sector previsible. Eso es lo que dicen todos los grandes organismos.

Hay ejemplos. FIspace es una plataforma de negocios B2B (bussines to bussines) financiada a través de un proyecto FP7, Future Internet Bussiness Collaboration Networks in Agri-Food, Transport & Logistics. Pretende combinar las capacidades de las redes sociales con las potencialidades de APPs a través de cualquier medio de los que a diario usamos (tabletas, Smartphone, pcs...) para conectar a las diferentes empresas. Ofrece muchas cosas pero llama la atención la importancia de la integración del intercambio de información para mejorar los procesos que afectan a la forma de hacer negocios entre empresas. Ellos se postulan como la plataforma europea “Amazon” del futuro.

Una de sus soluciones más avanzadas se conoce como “Fish distribution (re-)planning”. Una nueva forma de entender el negocio del mercado de los productos del mar, gestionando desde el productor al consumidor mediante el control integral de la cadena de suministro. Tal vez pudiera controlarse el precio de venta y ajustarlo al coste real de producción independientemente de la demanda del mercado está integrado y se ajusta de manera que el suministrador siempre será aquel que ofrezca, no el mejor precio, sino el precio más justo para el productos y para el consumidor.


Es un bonito sueño, pero ¿por qué no un buen negocio? 

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